Veamos este procedimiento más detalladamente:
Cuando se amputa a una salamandra una de sus patas, los vasos sanguíneos del muñón se contraen pronto: se reduce la hemorragia y una capa de células dérmicas recubre rápidamente la superficie. Durante los días siguientes a la lesión, esa epidermis se transforma en una capa de células emisoras de señales indispensables para el éxito de la regeneración.
Hasta hace unos pocos años, se creía que las células de blastema eran capaces de regenerar cualquier tejido. Pero un estudio desarrollado por el Centro de Terapias Regenerativas de Dresde en Alemania y publicado en 2009 ha demostrado que las células de blastema no se vuelven pluripotenciales durante la regeneración de miembros. ¿Que significa esto?
En vez de ello, retienen una fuerte memoria de su tejido de origen embrionario. Es decir, que las células del músculo fabrican músculo y las del cartílago, cartílago. Según los investigadores, el potencial de las células es restringido, y no puede ocurrir que regeneren cualquier tipo de órgano o tejido.
Las salamandras lo hacen sin cicatrices:
Además de regenerarse, las salamandras lo hacen sin que les queden secuelas tales como cicatrices. Reconstruir tejidos sin dejar cicatriz alguna es algo que también resultaría muy beneficioso para el Ser Humano, ya que el tejido cicatricial en ciertas partes de la anatomía humana puede impedir la correcta recuperación de la funcionalidad de las mismas, más allá de las cuestiones estéticas de lucir cicatrices en lugares visibles.
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